Fernando Peiró Coronado (Alaquàs, Valencia, 1932) pertenece por su nacimiento a la generación que se incorpora a la práctica del arte en los años cincuenta. Es ésta una generación de grandes dificultades materiales, especialmente para una persona que quiere dedicarse a la pintura y busca en el seno de la modernidad la configuración de su propio lenguaje. La España de mediados de los cincuenta, cuando nuestro pintor realiza la primera exposición individual, es una España todavía aquejada por la situación de posguerra. La vinculación cultural que nuestros artistas habían establecido con la Europa desarrollada durante el período de la Segunda República Española (1931-1936) quedó interrumpida. El exilio de gran parte de pintores valencianos y la estética oficial que se impuso desde el nuevo régimen político fueron desarrollando un tipo de arte anclado en la tradición anterior. Realismo y sorollismo fueron las tónicas generales que se respiraron en los años cuarenta y cincuenta, cuando se producen los primeros pasos de Peiró Coronado. El cultivo de la vanguardia era una cierta excepción en el conjunto de este panorama. La autarquía económica impuesta en 1939, consecuencia en buena media del aislamiento político en que España quedó tras la contienda, y la marginación del Plan Marshal en 1948, agravaron todavía más la situación de posguerra. Existían tantas urgencias en aquella sociedad en la que Peiró Coronado dio sus primeros pasos que el mercado del arte apenas tenía posibilidad de crecer. En este desierto brillan con luz propia algunos intentos de ir contracorriente, alentados por una crítica naciente que está representada por figuras como José María Moreno Galván, Antonio Giménez Pericás, Vicente Aguilera Cerni, Juan Eduardo Cirlot o Alexandre Cirici-Pellicer entre otros. Entre las iniciativas más cuajadas que pretenderán luchar contra el ambiente anodino cabe citar la Primera Bienal Hispanoamericana de Arte de 1951 celebrada en Madrid; la Primera Exposición Internacional de Arte Abstracto de Santander en 1953, organizada por la Universidad Internacional de Verano Menéndez Pelayo; la Tercera Bienal Hispanoamericana, celebrada en Barcelona en 1955, con una importante participación de obra abstracta ; la creación del Grupo El Paso en febrero de 1957; la exposición Otro Arte celebrada en Madrid (Sala Negra) y en Barcelona (Club 49 y Sala Gaspar); el desarrollo del núcleo informalista catalán ; la actividad del Equipo 57 de Córdoba. La situación del contexto valenciano no puede ser considerada en absoluto, más halagüeña. Valencia es el único foco que respira ciertos aires de renovación en esta época, al calor de algunos sectores estudiantiles y profesores aislados en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos. Castellón y Alicante quedaron más retrasadas en el proceso de innovación plástica. El cierto florecimiento de la modernidad en la Segunda República , fue seguido de un obligado exilio que dejaría a nuestros artistas noveles huérfanos de predecesores que pudieran iluminar sus pasos. El dominio agrario de nuestra economía y la ausencia de una sólida burguesía industrial que impulsara los procesos de renovación dificultaron el encuentro de nuestros artistas con la modernidad y favorecieron una recreación del espíritu sorollista y del realismo costumbrista de corte decimonónico. Pocos serán los autores que escaparán a estos determinismos estéticos y conseguirán ciertas conexiones con el ámbito europeo durante el período de posguerra . La docencia en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos , no propiciaría excesivamente las experiencias innovadoras y más miraría hacia atrás que hacia el presente a la hora de instruir a sus alumnos. Sólo unos pocos estudiantes se interesaron por la renovación del contexto. Manolo Gil, compañero de generación de Peiró Coronado, expresaba claramente esta situación al escribir: «unos pocos jóvenes que luchan por abrirse camino plástico y que intentan aprender lo que se les debió enseñar en la Escuela» . Las excepciones a la tónica general se podían contar con los dedos de la mano y afectaron a un número limitado de artistas que con todas las dificultades del mundo intentaron superar el ambiente anodino del momento. Entre otros ejemplos podemos citar la labor del Grupo Z (1946-1950) y el Grupo Los Siete (1949-1954) ; la labor de la Sala Mateu de Valencia, con sus treinta años de funcionamiento (1941-1972); el Movimiento Artístico del Mediterráneo fundado en julio de 1956; el Grupo Parpalló (1956-1961) que constituye sin duda el intento más elaborado de corporativismo artístico de todos cuantos habían tenido lugar hasta el momento. Si volvemos la vista sobre las comarcas de Castellón el ambiente era todavía más cerrado. El paisaje academizado de Juan Bautista Porcar (Castellón, 1889-1974) había hecho que el porcarismo sustituyese al sorollismo. Sólo un puñado de pintores supieron reaccionar contra este arte trasnochado, aunque varios de los autores que lo consiguieron hacer (José Gumbau, Joaquín Michavila, Juan García Ripollés, etc.) se encontraban alejados de Castellón o habían tenido oportunidad de viajar al extranjero y contactar con otros núcleos.
La ciudad de Castellón, y algunas otras poblaciones de la provincia, constituyeron el ámbito inicial de inmersión artística de Peiró Coronado. No llegaría a militar en grupos organizados de artistas, aunque también es cierto que Castellón no ha sido tierra de agrupaciones, pero sí que intentó participar y colaborar en las iniciativas que desde distintos ámbitos se ponían en marcha. Estuvo en relación y consonancia con artistas como Manuel Safont, Vicente Traver Calzada, Amat Bellés, Wenceslao Rambla o el crí¬tico Ramón Rodríguez Culebras, etc. Estos artistas y algunos más constituyeron uno de los pocos núcleos de renovación que existieron en un contexto un tanto provinciano, poco dado a la renovación plástica. Son dignas de destacar algunas actividades –públicas o privadas– destinadas a dinamizar el ambiente, en las que Peiró Coronado participó con cierta regularidad, siempre limitado por la distancia entre Castellón y Benicarló. Constituyeron los escasos caldos de cultivo donde los artistas inquietos tuvieron oportunidad de encontrarse, intercambiar experiencias y organizar actividades diversas.
Uno de los primeros eventos colectivos fue la puesta en marcha del I Salón de Pintura Contemporánea, organizado por la Diputación Provincial de Castellón en 1964 en las Salas del Museo Provincial y bajo la presidencia de honor de Juan Bautista Porcar, vista la necesidad de «crear un ambiente artístico y cultural de auténtica altura y proyección nacional» . Se otorgaron premios en metálico con los nombres de Francisco Ribalta, José Camarón y Vicente Castell, más algunos ofrecidos por otras entidades públicas y privadas, fallados por un jurado de calificación formado por Manuel Sánchez Camargo, Alberto del Castillo Yurrita, Cesáreo Rodríguez Aguilera, Vicente Aguilera Cerni y el propio Juan Bautista Porcar Ripollés. El catálogo recoge la participación de nombres como Agustín Albalat y Monjalés, antiguos miembros del Grupo Parpalló, José Iranzo Almonacid (Anzo), etc. y fuera de concurso Luis Prades Perona o Juan Bautista Porcar. El Ateneo de Castellón también aportó su granito de arena a la promoción del arte, organizando diversos actos culturales consistentes en charlas, coloquios, exposiciones, etc. Se pusieron en marcha exposiciones colectivas, temáticas o más heterogéneas , y exposiciones individuales destinadas a mostrar la obra de algún artista. En la década de los años setenta, Peiró Coronado participó con la exhibición de sus obras en la programación de actividades, tal y como lo irían haciendo otros artistas castellonenses como Wenceslao Rambla o Amat Bellés. Cabe citar igualmente las Jornadas Culturales realizadas en los años setenta en la localidad de Viver por su párroco López Uriños, con el asesoramiento del historiador del arte Ramón Rodríguez Culebras. Con este motivo no faltaron las correspondientes muestras de artes plásticas. La ocasión hizo posible que algunos artistas que ya se conocían, por coincidir en la casa-estudio que Manolo Safont tenía en Onda, volvieran a encontrarse. Así pues, en Viver, bien con motivo de alguna de esas exposicio¬nes, bien con motivo de algún foro de debate que una noche solía mon¬tarse entre artistas y público en torno a aspectos artísticos, coinci¬dieron algunos de los nombres que solían componer el listado de expositores: Pepe Agost, Amat Bellés, José María Fibla, Joaquín Michavila, Luis Prades Perona, Paco Puig, Manuel Rodríguez, Vicente Traver Calzada, Manuel Vivó, Wenceslao Rambla, Manolo Safont y el propio Fernando Peiró Coronado. En Onda se montaron también en los años setenta una serie de exposiciones colectivas bajo el nombre de Arte castellonense de hoy, Art castellonenc d’avui, Art d’avui al País Valencià, etc. que congregaron a múltiples pintores, ceramistas, grabadores o escultores, de entre los más renovadores del panorama castellonense, con el apoyo fundamental de Manolo Safont. Pesó más la voluntad y el empeño de organizadores y participantes que los propios medios materiales de que se disponía, llegando incluso en la primera muestra a utilizar como sala de exposiciones un ancho pasillo del nuevo edificio del Ayuntamiento. Tras estos difíciles comienzos, siguieron un conjunto de VIII Exposiciones o Muestras (1972-1983), una vez ya inaugu¬rada la Sala Municipal del Ayuntamiento.

En un principio dichas exposiciones constituyeron una exhibición del trabajo realizado por autores procedentes de las comarcas de Cas¬tellón, a modo de panorámica de la actual pintura castellonense . Así lo señalaba el catálogo de la primera muestra al indicar: «con la presente colectiva se pretende dar una visión panorámica del arte castellonense de avanzadilla. Los actuales límites de la provincia han sido pródigos en artistas, los cuales se han caracterizado, en general, y en nuestro siglo, por una firmeza en seguir las tradiciones o formas y temas aceptados […] Ahora, en el amplio margen de convivencia que se concede a toda clase de manifestaciones, existe una mayor integración y aceptación de las últimas y más actuales tendencias por parte de artistas y de público. Y esa vertiente, aunque con las naturales limitaciones, es la que se dedica a la presente muestra» . En las tres últimas ediciones –antes de cerrarse esa especie de ciclo– la nómina se amplió a otros artistas del mundo valenciano . Testimonio de dichas actividades son un conjunto de catálogos, cada vez más amplios, que sin duda constituirán una fuente indispensable cuando se aborde la historia de la vanguardia castellonense. En cada catálogo, además del listado de artistas, aparecía un texto de presen¬tación de personas ligadas al mundo de la cultura, como Ramón Rodríguez Culebras, Salvador Belenguer, Eduardo López-Chavarri, Rafael Menezo, Vicent Pitarch, Garcia i Edo, Joan F. Mira, etc. Estas colectivas permitieron no sólo mostrar la obra de estos inquietos artistas del área castellonense, sino estrechar lazos y enriquecerse mutuamente con sus respectivas experiencias. Cabría citar también una serie de actividades que tuvieron lugar en Burriana a comienzos de los años setenta, bajo el nombre de Setmana d’Art, y la tutela de Vicente Traver Calzada y Norbert Mesado. Se pusieron en marcha iniciativas de carácter literario, relacionadas con el cine y también muestras de arte, donde se exponían obras de artistas nacidos o vinculados básicamente al contexto de la provincia de Castellón , junto a otros foráneos. No faltó tampoco, en esta ocasión, la presencia de Peiró Coronado. Desde los catálogos de las distintas muestras se insistía en el interés por promover el arte de vanguardia: «Atenent a les directrius de prestigiosos crítics, la seua junta rectora ha ajuntat, en el soberbi marc de la galeria «Quatre Cantons», a 12 pintors de vanguàrdia castellonencs o residents a la província […] Tot el que és «conservadurismo», per allò que té de còmode, rutinari i estàtic, mor per esgotament. Només la lluita per les eternes o noves idees […] triomfen, alcançant, amb el temps, les ments més tancades de la societat» . De gran importancia en su momento fue la muestra titulada 80 años de arte castellonense,
celebrada en el Museo de Bellas Artes de Castellón entre septiembre y octubre de 1980. Es posiblemente el primer balance con intención histórica que se llevaba a cabo sobre el arte de la provincia de Castellón que recogía el lapso de tiempo transcurrido en el siglo XX. El evento se puso en marcha a instancias del Museo Popular de Arte Contemporáneo de Vilafamés con motivo del I Encuentro Internacional de la Crítica de Arte . La Diputación Provincial de Castellón puso a disposición de la muestra su Museo de Bellas Artes y colaboró económicamente en su materialización. El catálogo contó con la presencia de especialistas en arte como Eugenio Díaz Manteca, Gonzalo Puerto Mezquita y Ramón Rodríguez Culebras. Ellos aportaron la reflexión teórica por períodos para crear un eje cronológico y evolutivo que permitiera al espectador hacerse una idea diacrónica de lo que había sido la evolución artística de Castellón en lo que se llevaba de siglo. Peiró Coronado participó en la selección llevada a cabo, señalándose de su obra lo siguiente:

«Lírica en cambio, casi de carácter sígnico, y sin perder por completo la relación con el objeto imagen, fue una etapa de la pintura de Fernando Peiró Coronado, residente en Benicarló. En sucesivas etapas tiende a unas formas muy definidas y elaboradas, de amplitud cósmica» .

En 1984 se celebró la I Mostra de Pintura Castellonenca, organizada por el Ayuntamiento de Castellón en su Centre Municipal de Cultura. Es otro importante evento en el que participan 155 artistas procedentes de las distintas comarcas de la provincia, entre ellos Peiró Coronado. El objetivo principal perseguía mostrar a la sociedad castellonense una selección de los artistas más significativos originarios o vinculados al ámbito cultural de la provincia. Se incluyeron desde pintores nacidos en el siglo XVIII, como José Camarón Bonanat, hasta gente joven que se incorporaba al mundo de la pintura, nacida en los años sesenta. También ha sido muy asidua y temprana la colaboración de Fernando Peiró Coronado en las actividades expositivas celebradas en su tierra de adopción, tanto a nivel individual como colectivo. Desde la segunda mitad de los años cincuenta participa en distintas exposiciones promovidas por instituciones públicas o privadas, y destinadas a promover la práctica del arte y alentar la labor de artistas noveles, como era su caso en aquellos años.